—¿Y qué ha replicado la abadesa?
—Me ha llamado ciego.
—¿Y qué más?
—Para probármelo me ha dicho que anoche estuvo en mi casa, encerrado con mi mujer, el sargento mayor don Juan de Guzmán. ¡Como si uno pudiera saber lo que pasa en su casa estando á cinco leguas de distancia!
—Pero supongo que habréis tenido prudencia.
—Prudencia ¿acerca de qué?...
—Acerca de lo que sabéis relativamente á vuestro sobrino.
—Para prudencia estaba yo.
—¿Pero qué habéis hecho?
—Cuando vi que la abadesa trataba con desprecio á mi mujer, la dije: pues dama hay en palacio mucho más alta...