—¡Ah! diablos; ¿y os habéis salido á tomar por estas calles un baño de pies?
—No; no, señor: me he ido al alcázar.
—¿Y qué teníais vos que hacer en el alcázar?
—¡Qué! ¿qué se yo? buscaba al cocinero de su majestad.
—¿Y le habéis habido?
—Sólo he habido á su mujer. El cocinero se ha perdido.
—Pobre Montiño: le ha salido un sobrino que le trae de cabeza.
—¡El sobrino del cocinero mayor! ¡el señor estudiante! ¡el señor capitán! ¡el embustero! ¡el mal nacido!
—¿Pero qué granizada es esa, amiga mía?
—Debéis saberlo vos. Vos, que habéis formado la tormenta. ¡Pero yo me tengo la culpa! ¡Yo no debí recibiros! ¡yo debí conoceros! el que se atrevió á enamorarme en el convento cuando yo pensaba ser monja...