—Me pedís un martirio.
—Sed mártir, si queréis la gloria.
—¡Me pedís que, amando á un hombre, sea querida de otro!—exclamó profundamente la Dorotea.
—Necesitáis reparar el daño que habéis hecho.
—¡Yo!
—Sí, vos; habéis calumniado á una santa...
—¿Creéis que la reina?...
—Es digna de que una mujer de corazón como vos, la ame en vez de odiarla.
—¿Y qué puedo yo hacer?
—Sed más que la querida pagada de Lerma.