Aquello era muy grave.
Porque sin duda la madre Misericordia decía cosas gravísimas en su carta al duque de Lerma.
¿Y cómo decir al duque que he perdido esa carta? ¿Cómo atreverse ni siquiera á presentarse sin ella ante él?
Y volvió á la rebusca; se palpó, y volvió á buscar.
Y la carta no parecía, y su terror crecía.
Por la primera vez de su vida blasfemó.
Por la primera vez de su vida se creyó el más desgraciado de los hombres.
Y por la primera vez se olvidó de su cocina.
Esto era lo más grave que podía acontecer á un hombre como el cocinero mayor.
Volvió de nuevo á su inútil pesquisa.