—¡Ah, sí, es verdad! ¡venís vestida desde vuestra casa!
—Sí, por cierto.
—Habéis hecho bien, porque la función se ha empezado; la loa está casi á la mitad, y han empezado á correr por el patio unas noticias que tienen disgustado al público.
Seguían á la sazón por un corredor estrecho alumbrado por candilejas, á cuyos dos costados había puertas.
—¿Y qué noticias eran esas?—dijo la Dorotea avanzando por el corredor delante de Juan Montiño.
Detrás de los dos iba Don Bernardino.
—Esas noticias eran que vos, á consecuencia de la herida de don Rodrigo, estábais desesperada y no representábais.
—Ya veis que no.
—Ya lo veo. Y os anuncio que al salir os van á vitorear con frenesí. El público está enamorado de vos.
—Pues no se conoce, porque me paga poco.