—Pues bien, hija mía, vamos.
El bufón y Dorotea salieron de la sala; poco después, una litera cerrada se encaminaba á palacio.
CAPÍTULO XXXII
CONTINÚAN LOS ANTECEDENTES
El padre Aliaga había entrado en el alcázar por la puerta de las meninas.
No había ido á él con el solo objeto de conocer á Dorotea.
Nuestros lectores recordarán que en la carta que había escrito al padre Aliaga doña Clara Soldevilla, acusando á Dorotea y á Gabriel Cornejo, le había expresado el deseo de hablar con él para explicarle enteramente el contenido de la carta.
Este era otro de los objetos que llevaban á palacio al padre Aliaga: hablar con doña Clara.
Sentía, además, un deseo punzante de hablar á la reina; y doña Clara, que era la favorita de la reina, podía satisfacer este deseo.
Le importaba también no poco sentir por sí mismo qué aire corría en palacio.