—¿Pero en qué quedamos? ¿qué es ese mancebo?
—El se cree hijo de Jerónimo Martínez Montiño, hermano de Francisco Martínez Montiño, cocinero de vuestra majestad; pero no es así... es... hijo de padres muy nobles, como lo reza esta carta—dijo el padre Aliaga, presentando al rey la tan traída y llevada carta de Pedro Martínez Montiño á su hermano.
—Leedme, leedme esa carta, padre Aliaga, y veamos esa historia.
El padre Aliaga leyó la carta de la cruz á la fecha.
—Esa carta es una buena historia—dijo el rey—; pero en esa historia faltan los nombres de los padres; nada hacemos con eso.
—Los padres, señor, son, según dice Francisco Montiño, el duque de Osuna.
—¡Oh! ¡mi altivo Girón! ¿y ella?
—Ella, según dice el tío Manolillo, es la duquesa de Gandía.
—¡Ah! ¡la duquesa de Gandía! ¡ah! ¡ah! ¡el duque de Osuna... y la duquesa de Gandía!... ¡por San Lorenzo nuestro patrón! eso es ya distinto... ¿y lo sabe eso doña Clara?
—Lo ignoro, señor.