—¿Ha venido ya?
—No, hija mía—dijo el bufón—, y según noticias mías, no vendrá esta noche. Pero, pasa, pasa al otro aposento, que no es justo que hagamos estar á obscuras á la grave persona que viene conmigo.
—¿Quién viene con vos, tío?
—El confesor de su majestad el rey.
—¡Ah! ¡El buen padre Aliaga!
—¿Me conocéis?—dijo fray Luis entrando en el mismo aposento en que en otra ocasión entró Quevedo con el tío Manolillo.
—Os conozco de oídas; delante de mí han hablado mucho de vos el duque de Lerma y don Rodrigo Calderón.
Al entrar en un espacio iluminado, el padre Aliaga miró con ansia á la comedianta; al verla, dió un grito.
—¡Ah!—exclamó—; ¡es ella! ¡Margarita!
—Os habéis engañado, señor—dijo la Dorotea—; yo no me llamo Margarita.