—¡Ah, os negáis!
—No quiero ayudar á que os sacrifiquen.
—¡Don Juan!...
—¿Por qué me llamáis don Juan?
—Por... ¡por qué sé yo! ¿pero esto qué importa?
—Mucho... acaso el ser yo sobrino del cocinero del rey...
—Eso no importa nada...
—¿Y si fuera peor? ¿si yo fuera un bastardo?...
—¡Cómo! ¿sabéis?...
—¿Y qué he de saber? ¿que soy hijo del duque?...