—¡Qué!
—Que me guiéis.
—Seguidme.
La mujer, que era una doncella de la condesa de Lemos, le llevó á la antecámara de la reina, donde le salió al encuentro doña Catalina de Sandoval.
—Gracias á Dios que el rey os ha soltado—dijo.
—¿Y por qué esas gracias?
—Os esperan.
—¿Dónde?
—En el oratorio de la reina.
—Pues no adivino.