—Veníos conmigo.

—Os lo agradezco—dijo Montiño haciéndose el sueco—, pero es la hora de preparar la vianda para su majestad; porque yo, si no lo sabéis, amigo, soy cocinero mayor del rey.

—Ya lo sabía, y, por lo tanto, aunque faltéis á vuestra cocina, conmigo os vendréis mal que os pese.

—¿Y si no quiero ir?

—Pediré favor á la Inquisición y os llevaré atado.

—¡Atado! ¡un hidalgo! vos os habéis equivocado.

—Mirad esta orden de su señoría ilustrísima el inquisidor general.

—¡Ah! ¡el inquisidor general!

—Sí, por cierto.

—¡Y no hay remedio!