—De pícaros como vos. ¿Pero qué es eso?—dijo el cocinero mayor viendo que el bufón se ponía de pie.
—Que nos vamos.
—¿Y no me dais los consejos que os he pedido?
—Voy á dároslos: montad á vuestra mujer en un macho y enviadla á Asturias; meted á vuestra hija en un convento, y luego idos de palacio.
—¡No puedo!
—Pues entonces, adiós, porque no tengo más que deciros.
Y el bufón salió de la taberna y se fué derecho á la puerta de enfrente, á la que llamó.
El cocinero mayor, desesperado, salió de la taberna y se fué paso á paso hacia el alcázar; pero al llegar á él se encontró con un alguacil del Santo Oficio, que le dijo:
—¿Es vuesa merced el señor Francisco Martínez Montiño?...
—Yo soy—contestó todo trémulo el cocinero al ver que se las había con un alguacil del Santo Oficio.