—Acertádolo habéis.
—Pero eso me importa muy poco. Que el duque de Uceda venza á su padre, ó que el duque de Lerma se sostenga sobre su hijo... allá se las hayan... necesitaba únicamente saber en qué casa había entrado Dorotea, y ya lo sé; con que pagad y vámonos.
—Hace cuarenta y ocho horas que estoy pagando y yendo y viniendo—dijo Montiño sacando la bolsa con ese trabajo peculiar á los miserables, y escurriendo de ella un escudo. ¡Hola, tabernero, cobráos!
—Falta aquí; se han comido vuestras mercedes tres libras de carne—dijo el tabernero.
—Y aunque eso sea, ¿á cómo va la carne en el mercado?
—Falta, señor, falta...
—Conciencia á vos y á mí paciencia para tanto robo; ¿qué falta de más de eso?
—Un real.
—Tomadle.
—Dios guarde á vuestra merced muchos años.