—Ahora bien: ¿qué ropas, qué galas, en una palabra, dignas de un caballero del hábito de Santiago, puedo yo procurarme con ese dinero?
—¿Piensa vuesa merced gastar esos tres mil doblones?
—Y más que sea necesario.
—¿Y para cuándo necesita vuesa merced presentarse á su majestad con su señora esposa?
—Hoy á las once.
Rascóse una oreja con su trémula mano maese Longinos.
—Y son cerca de las nueve de la mañana. Es decir, que solo tenemos dos horas.
—Aprovechémoslas.
En primer lugar, necesita vuesa merced ropas blancas de Cambray: esto es lo menos, hailas hechas dos puertas más abajo. ¡Antonio!
Apareció un joven con un mandil de cuero, á todas luces oficial de platería.