—Perdonad, señora.

—Pero en fin, ¿don Juan está ahí?

—Sí, señora; ha venido con una mujer.

—¡Con una mujer! ¿y qué trazas tiene esa mujer?

—Es joven, hermosa, viene ricamente vestida, y parece, según está de pálida y ojerosa, que ha pasado muy mala noche.

—¿Dónde están?

—En el camarín.

—Vísteme.

Y la dama saltó del lecho, y se vistió apresuradamente ayudada de la doncella, se arregló ligeramente los cabellos, se puso sobre ellos una toquilla, y se dirigió rápidamente á una puerta de escape.

Pero al llegar á ella se detuvo, y dijo á la joven: