—¿Qué viene á ser eso?—dijo con acento amenazador.
—Ya te irritas, querido mío—dijo doña Ana—. ¿Dudas acaso de que te amo?
—Me parece que quieres engañarme.
—¿Y para qué te había de engañar? además de que te amo me sirves de mucho, hijo, para que yo piense no enajenarme de ti. Pero...
—¿Pero qué?
—Espera.
Doña Ana se levantó, entró en el dormitorio, abrió un cofre, y del cofre sacó una cajita, volvió, se sentó y abriendo la caja mostró su contenido al sargento mayor.
—Mira el por qué de no haber querido yo por galán al duque de Uceda y de pensar en que por algún tiempo no nos veamos.
—¿Quién te ha dado esta gargantilla?—dijo con acento ronco Guzmán.
—Francisco Martínez Montiño, cocinero mayor del rey.