La autoridad de Quevedo fué allí inútil.
El bufón apeló á la fuerza.
Tiró á un ujier á un lado, y á otro á otro, y entró también.
Pero entre la inocente detención causada por Quevedo, la de los tudescos y la de los ujieres, había pasado mucho tiempo.
El paje había desaparecido.
Cuando el bufón entró, se precipitó á la mesa y se arrojó sobre ella.
La reina dió un grito.
El padre Aliaga, que almorzaba con la reina, se puso de pie.
El tío Manolillo buscó con ansia un plato entre los que cubrían la mesa de la reina, y vió uno solo puesto delante del plato de Margarita de Austria.
Aquel plato estaba adornado con berros.