—Que venga al momento Anselmo—dijo.
Presentóse poco después un escudero como de cincuenta años.
—Monta al momento á caballo, mi buen Anselmo—dijo Clara—, y ve á llevar á mi padre esta carta.
—¿Pues qué sucede, señora?—dijo Anselmo cuidadoso, porque era un antiguo criado de la casa.
—Sucede que doy á mi padre la noticia de mi casamiento.
—¡Cómo! ¿La señora se casa?
—Me he casado ya.
—¿De secreto?
—No, por cierto; me casé anoche delante de testigos en la capilla real.
El escudero se puso pálido y no se atrevió á preguntar más.