—Sois completamente afortunada—dijo—, y os repito mis enhorabuenas. Pero me voy; ya os he dado el mensaje que os traía, y me espera su majestad—y salió.

Apenas había salido doña María, cuando entró una doncella.

—Señora—dijo—, un caballero pregunta por vos; yo le he dicho que no acostumbrábais á recibir visitas, pero me ha contestado riendo, que estaba seguro que vos le recibiríais.

—¿Cómo se llama ese caballero?

—Se llama don Juan... don Juan...

—¿Téllez Girón?

—Eso es.

—Pues que entre al momento.

—¿Llamo á vuestra dueña?

—No.