—Luego, el tío Manolillo se fué á la casa de doña Ana, llamó...
—¿Luego conoce?...
—Debe conocer, porque le abrieron.
—¿Y vos?...
—Yo me fuí al alcázar: llegaba á él, cuando me prendieron.
—Os trajeron... Montiño.
—Yo digo que me prendieron, y aunque alegué que tenía que estar á la mira del almuerzo de sus majestades, y evacuar otros negocios, el alguacil que me prendió, sólo me dejó dar una vuelta por las cocinas, y llevar á mi casa el cofre, el famoso cofre, que había dejado en una portería por irme con el tío Manolillo.
—¿Pues no decíais que os habían robado el tal cofre?
—Sí; sí, señor; me lo robaron.
—¿Y cómo le recobrásteis?