Al abrir los ojos se encontró en la cumbre de la colina y al pié del sauce donde habia tomado descanso, al bajar fatigado de la caza por las vertientes del Cerro del Sol. El alba se levantaba en el Oriente, Granada despertaba sobre su lecho de flores.
Nada recordaba el rey de cuanto habia visto en el alcázar del destino: acaso habia sido un sueño de esos que pasan sin dejar recuerdos y se hunden en el pasado despues de haber abierto ante nuestros ojos el libro del porvenir.
—¡Oh! ¡cuánto he dormido, y cuán profundamente! dijo el rey. ¡Mis caballeros me esperan impacientes para comenzar la fiesta! Vamos: es necesario que hoy mismo sea declarado mi sucesor y partícipe del mando el príncipe Mohamet.
Y bajó de la colina, y entró en su alcázar, y bajó al coso alzado en Bib-Rambla, acompañado de la sultana y de las mujeres de su harem, y de lo más cumplido de la nobleza mora.
VII.
Y de allí en adelante, todo sucedió como habia sido el sueño, porque así estaba escrito.
El castillo se alzó sobre la colina, y el rey fué á él y puso su estandarte rojo sobre la torre más alta de la alcazaba, y trascurrida una luna desde la noche en que el rey tuvo el sueño misterioso, la muerte fué con él.
Y aconteció de esta manera.