XVII.
¡Ah! el Señor está contigo y su poder te hace invencible, exclamó con acento de envidia Zahra: tú salvarias á Fayzuly, si Fayzuly no estuviese condenada.
—¡Condenada Fayzuly, la hurí de mi alma! exclamó con desesperacion el príncipe.
—Mira, le dijo Zahra.
XVIII.
Desapareció el desierto sombrío.
Apareció un oloroso bosquecillo á la márgen de un trasparente lago.
La luna llena inundaba la tierra y el firmamento con una luz dulce y lánguida.
Entre la espesura apareció una forma blanca y hechicera, apoyada en una forma negra y horrible.
Salieron de la penumbra producida por la enramada, y los iluminó de lleno la luz de la luna.