Poco despues se vió el reflejo de una luz, y luego apareció una mujer hermosísima con una lámpara en la mano, que dejó sobre uno de los huecos que se veian de trecho en trecho en el muro.
Esta mujer era la hada Betsabé.
Adelantó modesta y ruborosa, y se prosternó delante del príncipe.
—¿Por qué te humillas ante mí, hada maldita, espíritu rebelde, que dominada por Satanás no reconoces al Señor?
—El señor eres tú, dijo humildemente Betsabé; yo me prosternaré ante Allah y le invocaré y seré salva si tú me amases, si tú quisieses mi pureza y mi hermosura; porque yo te amo, príncipe, como el sol al dia, como la luna á la noche, como el viento al mar.
—Yo no tengo más que un corazon y un alma, dijo el príncipe, y mi alma es de Dios y mi corazon de Fayzuly.
—¡Ah! tú me amarás, dijo Betsabé alzándose resplandeciente.
XXI.
Y cuantos encantos tiene la mujer, y cuantos ensueños produce el amor, rodearon al príncipe.