—¡Creyente! exclamó con una voz vibrante y sonora como la de una trompeta de guerra: tu corazon es fuerte y tu pensamiento noble; tu brazo ha levantado la espada de Dios sobre la cabeza de los infieles, y dias de ventura han sido para la raza de Ismael, aquellos que han corrido desde el dia que tus ojos se abrieron á la luz; la misericordia de Allah te ha hecho grande entre los poderosos, y el genio de las mil lenguas ha extendido tu nombre sobre la haz de la tierra: has sido justiciero con el malvado, consolador con el triste y generoso con el vencido. Los pueblos acatan tus virtudes, y los hombres se inclinan ante tí: y á pesar de tu grandeza, ¿por qué pides su paz á Allah, y encuentras en tu alma una tristeza profunda que hace tus dias sombríos y tus noches sin sueño?

—¡Poderoso genio! contestó prosternándose Al-Hhamar, porque el corazon del hombre es insaciable, y sus ojos están ciegos. Yo he peregrinado sobre la tierra pisando siempre un camino de espinas, y no me ha abandonado la fe; he buscado un amigo entre esos hombres á quienes he tratado como hermanos, y no le he encontrado; he codiciado una mujer para dilatar mi espíritu en su amor, he visto mi alma solitaria y sedienta, en medio de mi harem habitado por las mujeres más hermosas del mundo, y en todas he hallado la impureza y la falsía. ¡Dichoso el creyente á quien Dios concede una mirada de paz, mientras duerme en su tienda de cuero, junto á una mujer alma de su alma!

El hermoso semblante de Al-Hhamar se contristó, y de su corazon, seco y árido, brotó una ardiente lágrima.

—¡Al-Hhamar! dijo la pujante voz del viejo, has llegado hasta mí, siguiendo á la gacela fugitiva de tu esperanza, y has recorrido sin temblar el oscuro camino de la muerte; el puente Sirat no se ha roto bajo tu planta, y estás en la última region donde la luz no alcanza fin; el alcázar eterno se ha abierto para tí, y Allah te permite leer en tu destino. Yo soy el que será; soy el genio del Porvenir.

—¡Allah Akbar! exclamó el rey uniendo su rostro al pavimento, ¿ha llegado el dia en que mi espíritu venga á morar entre los séres incorpóreos?

—Aún no, repuso el viejo; mas lo que ha de suceder sucederá.

Entonces tomó el libro y le abrió; sobre una de sus páginas se veia escrito el nombre de Al-Hhamar con caractéres de fuego, el genio rompió la hoja de pergamino que le contenia, y la arrojó al braserillo; bien pronto se alzó una llama azulada á la que sucedió un humo blanco y denso.

El anciano puso su vara en contacto con el humo que se dilató.

—¿Tienes valor para sufrir tu última prueba? preguntó el anciano al rey.

—¡Dios es fuerte! contestó Al-Hhamar, sea con él mi espíritu.