—Sí.
—Yo quiero ser sultana.
El príncipe se estremeció.
—Pero yo no puedo ser rey; contestó Juzef; mañana mi hermano Mohhanmed será proclamado sucesor á la corona....
—Sí, y tú, el más valiente, el más querido de tu padre entre tus hermanos, irás á vivir vergonzosamente en lo más hondo de tu harem, ó á morir sin gloria defendiendo una corona que habrás perdido por cobarde....
Betsabé pronunció estas palabras con el más frio desden y rechazó al príncipe con enojo.
Juzef era muy jóven aún; corria por sus venas la ardiente sangre de los Al-Hhamares, y no podia tolerar nada que se opusiese á sus deseos; sentia por Betsabé un amor idólatra, superior á todas sus creencias, y luchaba procurando desoir el grito de sus deberes. Más de una vez sus ojos se habian deslumbrado ante el brillo de la corona de su padre, y un pensamiento terrible, inspirado por Satanás, le agitaba haciéndole estremecer de espanto. El mal y el bien se disputaban el dominio de su alma, y aquel terrible combate empezado, apenas pudieron desarrollarse sus deseos, habia dado á su semblante el tinte de reflexion y prudencia, que en la hospedería le habia hecho respetable á los tres walíes.
Pero Juzef amaba á su padre y á sus hermanos, y apenas nacidos aquellos criminales deseos, desaparecian dejando marcado en su rostro el rubor y en su alma un arrepentimiento sincero. Corria al mirab, oraba y la tentacion desaparecia. Era un alma de niño franca y generosa, por más que su pureza estuviese manchada con conatos de crímen.
Tal vez debia á su madre, africana ambiciosa, aquellos insensatos deseos de poder: allá en las prolijas noches de invierno, cuando la lluvia azotaba las espesas celosías del harem y el viento se quebraba zumbando en los calados ajimeces, la hermosa Wahdah palidecia, sus ojos de una hermosura salvaje lanzaban rayos, y oprimia contra su seno palpitante al pequeño Juzef, que despertaba al impulso de aquella presion terrible: Wahdah le miraba ceñuda, y una sonrisa horrible contraia su boca temblorosa; recordaba una historia funesta, que encerraba sus recuerdos de amor; recuerdos dolorosos que desgarraban su pensamiento.