—No comprendo bien esto.
—Antes de mucho lo comprenderás.
—¿Pero esa diadema, esas joyas, esas galas que te cubren y que valen un tesoro, Leila?
—¡Ah! ¡desconfias de mi!
—No, no desconfio: pero en tu habitacion de Córdoba se encontraron todas tus joyas, joyas que yo he conservado, como un precioso tesoro de mi corazon, porque creí que esas joyas y esas ropas eran lo único que me quedaba de tí.
—Despues de la muerte de el Bokarí, permanecimos algunos meses en Tlencen; pero al fin, yo que ansiaba volver á Andalucía, porque en Andalucía estabas tú, escité á Yshac á que viniésemos á vivir á Granada, y cediendo á mis deseos Yshac dispuso el viaje.
Al dia siguiente un esclavo de mi padre entró en nuestra casa.
—Te llamas Yshac-el-Rumi, dijo á este.
—Sí, contestó.
—El poderoso rey Al-Mostansir Billah te ordena que vayas á su alcázar.