Era costumbre entonces, que los que iban á gobernar por el rey tierras distantes y mal seguras, dejasen en la córte sus hijos como en rehenes.

Segun esta costumbre, el conde don Julian tenia en la córte del rey don Rodrigo, en rehenes, pero como doncella de la reina Aylat, á la única hija del conde don Julian.

Esta doncella se llamaba Florinda.

Nacida y criada en Tanger, Florinda tenia en su trage y en sus costumbres, por mas que fuese de pura sangre goda, mucho de las costumbres de los árabes.

Florinda no entraba en Toledo mas que cuando sus obligaciones la llamaban al lado de la reina; lo demás del tiempo vivia en un estrecho valle poco distante de la ciudad situado entre dos montañas bajo un cielo triste y sombrío; por medio de este valle pasaba el Tajo, lamiendo los cimientos de una altísima torre sombría y solitaria; su gran puerta de hierro estaba cubierta de signos estraños y en sus muros renegridos por los vientos y por las lluvias, no se veian ni un ajimez, ni una ventana; en torno de ella crecia la maleza tupida y enmarañada, sin señales que demostrasen que pié humano habia llegado á la puerta de la torre en centenares de años.

Contábanse acerca de esta torre terribles consejas: creíanla construida por Satanás, durante una tormenta, á la aparicion de las razas del norte sobre las tierras del mediodía, y que guardaba, por un poderoso ensalmo, el destino del pueblo godo: habia quien aseguraba que el dia que se abriese aquella puerta, unas gentes guerreras venidas de la parte del mundo por donde aparece el sol, acometerian la Europa por el estrecho de Hércules y se harian dueños de España.

Fuese por horror ó abandono, ningun rey se habia atrevido á abrir aquella puerta, y la terrible torre era aun en el año 92 de la Hegira, un objeto de terror.


Frente á ella, bañando sus muros en las aguas del Tajo, se alzaba un recinto almenado, defendido por cuatro torrecillas: la construccion de aquel castillejo era estraña: sus almenas puntiagudas, sus puertas ojivas, sus ajimeces calados y sus agudas agujas la hacian parecer tanto goda como árabe.

Aquel castillejo que pertenecia al conde don Julian, habia sido en efecto construido por árabes hebraizantes, enviados por el conde á Toledo con el solo objeto de esta construccion.