Y quiso Dios que cuando asomaron, viniendo de la parte de las marinas por la cumbre de un monte, á cuyo pie tiempo adelante se levantó la villa de Al-Padul, voló el arcángel de la vida y de la alegría con sus alas de oro y su flotante túnica celeste recamada de estrellas, sobre la tierra árida y seca de Iliberis y disipó los vapores que la cubrian, y dijo con una voz dulce y sonora como el murmurio de las auras entre las flores.
«Vuelve á ser lo que eras, tierra maldita, antes de la impiedad de tus antiguos moradores.
»Cúbrete de praderas y de fuentes, de bosques y de sotos.
Alégrate animal viviente y ave voladora.
Y cúbranse tus sierras de nieve.
Y tus montes de verdura.
Y muéstrate riente y engalanada bajo tu cielo azul.
Porque Dios te bendice para que seas el paraiso de su pueblo.
Pero quede en tí la señal de su maldicion, como recuerdo de una historia pasada.
Y que la parda sierra donde es Iliberis, no produzca ni yerba ni fruto.