—Pues bien, puesto que te he honrado en mi córte, que todos te reverencian y que te llamas mi astrólogo, descíframe mi sueño.

—Ese sueño es una tentacion, rey Abul-Walid; una tentacion que pone á prueba tu nobleza y tu caridad.

—No te comprendo.

—Vas á comprenderme.

Y el sabio abrió uno de los ajimeces.

—Ven acá, dijo al rey.

El rey fué al ajimez.

—Mira hácia el poniente.

—Nada veo, es la noche muy oscura.

Abu-Jacub tocó los ojos del rey.