—No, si tú quieres, dijo el mago: pero para evitarlo será necesario que levantes tu estandarte, que reunas tus gentes de guerra y que caigas como una tempestad sobre la villa fronteriza de Martos.
—Caeré, caeré, gritó Abul-Walid, y la doncella de la frente pálida no será de otro que será mia.
Y arrojando su bolsa al mago, salió de su morada y se precipitó rápidamente por las escaleras de la torre.
—Vé, vé, Abul-Walid-Abu-Said, dijo soltando una carcajada horrible el mago: eres mio: vas á buscar tu condenacion en esa muger.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Incitado, pues, por el amor de María, y con el pretesto de hacer una algara en las fronteras cristianas, salió el rey Abul-Walid por la Puerta del Juicio de la Alhambra, desplegado su estandarte de guerra y rodeado de sus caballeros.
VIII.
¡Qué hermosa está una virgen cuando se atavia para sus bodas!
¡Qué bello sobre su frente de azucena, el encendido color del clavel, que enciende un enamorado y misterioso pensamiento!
¡Oh! ¡y cuán hermosa estaba María!