—Pues entonces, señor, replicó el infante, yo te pido por esposa á la infanta Walidé.

Y antes de que el rey pudiese contestar, Men Roger de Cardona adelantó pálido y trémulo hácia el dosel del rey y esclamó:

—Y yo la pido tambien á vuestra señoría, yo que soy rico-hombre de solar, y que he vertido mi sangre en cien batallas matando moros.

—¡Ah! ¡tú eres un perro traidor, sin fé y sin lealtad en sus palabras! dijo el infante á Men Roger.

—Pídeme mi hermana y te la daré, infante, dijo el baron catalan: pero yo pido al rey esa doncella.

—Y me la pides tú tambien infante de Granada, mi vasallo? dijo Alfonso IV.

—Sí, si señor, esclamó con toda su alma Abd-el-Rahhaman: es mi prima, la amo y ella me ama.

La incertidumbre hacia temblar á Men Roger.

—Yo os la concedo á los dos, dijo el rey: á tí canciller de mis reinos, valiente y leal vasallo mio, á tí infante de Granada mi noble vasallo.

—Pero señor, esclamó Abd-el-Rahhaman, la infanta no puede dividirse en dos: sobra pues uno.