XVIII.
—Pero lo que hizo aquella muger fué infame, dijo María.
—Escucha, escucha, continuó el mago, y verás hasta dónde puede llegar el amor de una mora.
María escuchó de nuevo y el mago continuó:
—Cuando Walidé vió ante sí muerto y ensangrentado á Men Roger, tuvo miedo. Buscó una puerta, y huyó á la ventura, atravesó una galería, llegó á unas escaleras, las bajó, se encontró en un huerto; iluminado por la luna, le recorrió buscando otra salida y encontró un postigo.
Aquel postigo tenia la cerradura rota y corridos los cerrojos.
Estaba abierto.
Walidé se lanzó, á la ventura siempre, por aquel postigo.
Pero de repente se encontró con un hombre.
La luna daba de lleno en su semblante, y Walidé arrojó un grito de alegría.