Y Aidamarah se arrojó desfallecida en sus brazos.
Porque le habia creido muerto.
Jask habia invertido en su espedicion, siete veces siete dias.
XXXVI.
Los libertados y sus familias, proclamaron su padre á Jask.
El rey Al-Munassar renunció con alegría su corona, y la puso sobre sus sienes.
La bandera de los jigantes, doblada y redoblada, fué á servir de alfombra á la grande Aljama, y en ella se bordaron inscripciones en loor de Dios por mandato de Jask que no quiso que se consagrasen en honor suyo.
Su reino desde entonces fué feliz y próspero; ya no se vieron talados los campos, ni yermas las aldeas.
Los moradores durmieron tranquilos sin temor á los jigantes, y no hubo uno solo que no fuese á ser testigo del prodigio de la trasformacion de aquellos monstruos en rocas.
Sobre cada una de aquellas rocas, habia una palma agostada y estéril.