Y siguió paseando.

—¿Y por qué no? dijo de repente: ¿quién sabe? acaso...

El rey volvió á su paseo.

Anunciáronle que un viejo y una dama enlutados querian hablarle.

El rey Nazar hizo un movimiento semejante al de quien despierta de un sueño al impulso de una mano estraña; tomó un pergamino y escribió en él durante un breve espacio: luego dobló el pergamino y le selló.

—Que entren el viejo y la muger, dijo.

Poco despues entró Yshac-el-Rumi llevando de la mano y sin velo á Bekralbayda que inclinaba ruborosa la cabeza.

Entrambos se prosternaron ante el rey Nazar que los alzó.

—¿Sabes á lo que vienes á mi palacio? le preguntó Al-Hhamar.

—Sé que me han vendido al poderoso sultan de Granada, dijo con acento trémulo Bekralbayda.