El rey habia tenido muchas entrevistas con Bekralbayda.
El príncipe continuaba preso.
Yshac-el-Rumi empezaba por su ciencia á privar con el rey.
Ninguno mejor que él descifraba los sueños del rey, ni respondia mejor á sus dudas.
El rey Nazar empalidecia.
Comprendíase que minaba algo su existencia.
Sus ojos empezaban á tener cierto brillo fosforescente como los de la sultana Wadah.
Dormia poco, y aun así de una manera inquieta.
En medio de sus sueños, quien hubiera estado cerca de él, le hubiera oido pronunciar el nombre de su hijo y de Bekralbayda.
Una noche el rey velaba.