Y por el rey Boabdil.
Y por el abencerrage Ebn-Ahmed.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Boabdil habia sido su esposo.
Ebn-Ahmed se habia atrevido á dirigirla primero miradas, y luego suspiros, y al fin palabras de amor.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Oh, y cuán ardientes, cuán tristes, cuán apenadores eran los recuerdos de la sultana Zoraida!
Una lámpara de oro incrustada en nácar, enviaba al semblante de Zoraida una ténue y dulce claridad que brillaba en sus lágrimas.
Era muy tarde, y la sultana no habia dormido.
Era cerca del amanecer.