«Esta noche en Generalife, al pie del ciprés de Abul-Walid.»

—¡Ah!

—Vete, pues.

—¡Otro dia!

—Un dia de hermosa esperanza, y despues... una noche de felicidad.

—¡Og-allah![129] esclamó Ebn-Ahmed; y arrancándose una joya la entregó á la esclava, y se deslizó por la escala.

Cuando la escala perdió su fuerte tension, señal clara de que el que habia descendido por ella habia tomado tierra, la muger la recogió.

Luego se inclinó sobre el adarve y escuchó atentamente.

Poco despues, allá á lo lejos, pasando por un puente del Darro, y trepando por la vecina cuesta del Chapiz, se escuchó el sonoro galope de un caballo.

XI.
EL SULTAN BOABDIL.