Insensatos esos mancebos, que enamoran cuando debian cabalgar contra el castellano.

Solo los fakís prosternados en la mezquita esclaman:

¡Allah ku Akbar! ¡Allah ku Rhhaman! ¡Le galib ile Allah![131]


Entretanto el rey ocupa su trono en Bib-Arrambla[132], y junto á él, pálida, triste y pensativa se asienta la sultana Zoraida, y delante las sultanas de la familia real[133], y mas abajo las favoritas y luego las esclavas.

Y detrás del trono los wazires, y los alcaides, y los kadies, y los valies, y los alimes, y los xeques.

Una aclamacion herida hiende los aires porque el rey ha hecho una seña con su lenzuelo y van á empezar las fiestas.

Un solo caballero vé con espresion sombria la seña del rey, y escucha con despecho el tañido de los instrumentos músicos y de guerra que llaman á las cuadrillas.

Está de pié á la derecha del rey, y tiene desnuda la ancha espada en que se apoya.

Es el único que no lleva galas, y que en vez de una ligera armadura dorada, como la que llevan los otros caballeros, se encuentra armado con un fuerte arnés de guerra de Milán.