—Tú serás el fundador de ese alcázar que admirarán las gentes, que construirás por el amor de una muger, y al que darás tu nombre.

—¿Y ese alcázar existe?

—Existe encantado.

—¿Y puedo yo verle?

—Sí, poderoso señor, pero enloquecerías y moririas como el rey Aben-Habuz.

—¡Y bien! sino puedo verle, ¿cómo he de construir en el lugar donde se encuentra, un alcázar semejante?

—Yo te traeré pintado en pergamino el alcázar; medido y dispuesto desde lo mas chico hasta lo mas grande, de modo que los alarifes y los oficiales solo tengan que labrar la piedra y la madera.