Un dia se abrió la puerta dorada de su retrete.
Wadah exhaló un grito de alegría.
Por aquella puerta solo podia venir el rey Nazar.
El rey entró y cerró de nuevo.
La sultana se abalanzó á él.
—Yo te amo, te amo siempre, esclamó.
Y le besó en la boca.
El rey Nazar contestó estremeciéndose á aquel beso, con un beso trémulo.
—Tú te aterras junto á mí, dijo Wadah, tú me temes ¿por qué temes á tu amada?
El rey no supo qué contestar.