¿O habia habido un tiempo en que su alma habia sido tan hermosa como su cuerpo, y habiendo pasado, gastada por los años la hermosura del cuerpo, conservaba la hermosura del alma?
Habia mucho de juventud en su mirada.
Sus grandes ojos no podian ser más lucientes ni más hermosos.
Yo me fascinaba más y más.
Se me olvidaba el vestiglo.
No veia más que la apariencia seductora de doña Emerenciana.
Ella necesitaba pertenecer á un hombre que tuviese cierta importancia.
Que significase algo.
Que pudiese entrar en todas partes y pudiese ser influyente.
—Para eso,—me decia,—no hay más que la política.