El frio era horrible.
Los criados del hombre político debian extrañar que yo me presentase con un sombrerete hongo y una raida americana.
Se comisionó á Micaela, que volvió con dos ó tres mancebos de ropería elegante, cargados de ropas.
Acompañaba un excusabarajas con camisas.
Ni Alcaide, ni la camisería á donde habiamos ido, podian tener concluidos sus encargos hasta pasados algunos dias.
Cerca de las ocho estuve yo completamente trasformado.
Un peluquero me habia rizado admirablemente los cabellos.
Yo podia pasar por un jóven decente y aún distinguido.
Entonces se me ocurrió que para ser algo en Madrid, podia ser muy eficaz la ayuda de una vieja verde.
De una beldad en ruina, restaurada á fuerza de arte.