El carruaje estaba esperando.

Doña Emerenciana se habia prendido admirablemente.

Estaba verdaderamente hermosa.

Pero esmaltada con más fuerza.

Me pareció además que la peluca era de un negro más intenso y más brillante.

Es decir, que era más nueva.

No se podia pedir más.

Encantaba.

Yo me miré á un espejo, y me encontré irresistible.

Aunque no me hubiera mirado, me lo hubieran dicho las miradas de las dos viejas y de la jóven que se recreaban en mí.