Yo iba armado con mi artículo.

Salimos y entramos en el carruaje.

Me atreví á traer á mí á doña Emerenciana y á besarla una mejilla.

Hizo un leve movimiento de repulsion; pero me dijo:

—Eso es ya diferente: me vas pareciendo un hombre de pasiones: creo que podrás decidirme á algo: puede ser que venzas mi resistencia al matrimonio.

Y suspiró.

Pretendí tomarme alguna libertad algo más determinante, y se rehizo, y me llamó severamente al órden.

La ruina resistia.

Pretendia imponerse.

Hacerse aceptar por completo, fuera de afeites y de composturas.