Se oscurecia el bello semblante de enfrente.
El pié habia vuelto á pisar con cólera.
Yo me reprimia.
Disimulaba.
¿Creeis que es exagerado lo que yo digo?
¡Ah! ¿Que miento?
¡¡¡Pues si fuera á decirlo todo!!!...
Hay diálogos sin palabras, y áun sin miradas, que son lo más elocuentes del mundo.
Hay historias que pudieran llamarse «Historias de debajo de la mesa ó del tapiz».
Historias de una trascendencia enorme.