Yo me sobrecogí.

La otra, la morena, la del pié, la que era verdaderamente voluptuosa, aunque ya vieja, es decir, cuarentona, me dijo, sonriendo:

—¿Qué haria usted si encontrara á la entrada de la calle de Jesús y María un landó parado al amanecer?

—Como probablemente al amanecer hará mucho frio, me meteria en el landó, señora mia.

Apenas se habia separado de mí la morena, cuando la dueña de la casa me dijo:

—¿Le gusta á usted ir á misa de dos al Buen Suceso?

—¡Ah! ¡Mucho!—le dije.

No se habló más.

El dia siguiente era domingo.

Tres citas en tres minutos.