Casi de muerte.

Luego sonó el ruido de un cuerpo que caia en tierra.

Yo estaba en un corredor.

La luz de la luna aclaraba el nublado, del cual continuaba desprendiéndose la lluvia, y penetraba algo de luz por las grandes vidrieras.

Al grito de la víctima, habia sucedido algun movimiento en una habitacion inmediata.

Se abrió una puerta y apareció una mujer.

Sin duda una criada.

Al ver mi bulto, se sobrecogió, y escapó gritando:

—¡Ladrones!

El asunto era sério.