Las tejas estaban peligrosamente resbaladizas.
Hacia un frio horrible.
No podia sostenerme en aquella situacion.
Yo oia allá abajo en la casa de donde habia escapado un verdadero tumulto.
Gentes que iban y venian.
Se buscaba sin duda á los ladrones.
De improviso el cañón de una de las chimeneas me dejó oir un ruido confuso de voces.
Escuché.
—La señora dice que tú, Gaspar, la has dado un golpe en la cabeza. ¿Cómo puede ser esto?
Yo habia reconocido en aquella voz la del dueño de la casa: el eminente hombre político, en fin, don F...