Se ponia á nivel, por más de un concepto, con uno de sus lacayos.

Lo más crudo, lo más fastidioso del lance habia sido para mí.

El frio aumentaba.

La lluvia arreciaba.

El viento crecia.

El tejado se hacia más y más resvaladizo.

Yo me agarraba á los cañones de las chimeneas.

Pero empezaba á sentir las convulsiones del frio.

El espasmo.

El sopor se apoderaba de mí.