¡Aquella mano!

¡Aquel seno!

Cesó al fin de todo punto el ruido.

Mi cita habia tenido un desenlace inesperado.

Yo habia recibido un garrotazo.

Mi vieja verde habia sido descalabrada.

Se habia descubierto un adulterio.

El adúltero y el marido injuriado habian acabado por entenderse.

La moral andaba por aquella casa en paños menores.

El eminente hombre público se vulgarizaba.